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Mes: diciembre 2017

Contradicción

El problema es que hace tiempo que solo hay una convivencia disfrazada de matrimonio, una relación apacible pero baldía arrastrada durante años. Duermen siempre de espaldas al otro, manteniendo un perpetuo desapego. Durante las comidas permanecen remotos, ignorándose con atroz indiferencia. Mañana, al percatarse de que en una especie de transmutación siamesa sus espaldas se han fusionado, experimentarán el anhelo nostálgico de no poder decirse las cosas mirándose a los ojos.

 

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Bumerán

Con objeto de conocer a los padres de su mujer, fue instruido en unas pautas de conducta muy minuciosas sobre vestimenta, protocolo y temas de conversación. La disciplina mental que tuvo que mantener aquel día fue tan exagerada, que a la mañana siguiente todavía seguía en constante vigilancia. Se dijo a sí mismo ante el espejo que incluso ir a trabajar al taller exigía seguir un código de vestimenta y se puso corbata. Durante la cena mantuvo una conversación en torno a banalidades para evitar aludir a cualquier tema comprometido. Desde aquel momento la contención y la formalidad fueron impregnando paulatinamente su relación y, con el paso del tiempo, la falta de complicidad fue añadiendo monotonía a la convivencia. Si bien de vez en cuando pasaba algunos ratos divertidos con su esposa, comenzó a pensar que no le caía ni bien ni mal. Era un mero conocerse sin profundizar en la relación, y no tardó mucho en llegar a la conclusión de que lo más correcto era tratar a su mujer de usted. Una mañana, después de dar vueltas en la cama toda la noche, fue finalmente consciente de lo embarazoso que le resultaba vivir con una semidesconocida y decidió hacer las maletas.
La ceremonia en el juzgado duró poco y solo acudieron los familiares más cercanos. El instante más conmovedor fue cuando se devolvieron los anillos. Durante la comida, el padre de la exmujer hizo un brindis con palabras de elogio para el exmarido. No entendía que su hija no quisiera estar casada con alguien tan bien educado.

 

Seleccionado como finalista del IV Certamen de Microrrelatos Javier Tomeo.

 

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Bautismo de fuego

Aunque Leo es todavía un novato, no duda en presentarse voluntario para esta misión de paisano. Todo transcurre sin sobresaltos hasta que el operador de cámaras de vigilancia le avisa de que ha localizado al malhechor cerca de su posición. Se inicia una persecución que resulta ser frenética. Siguiendo las indicaciones de su compañero, a cada momento parece estar a punto de capturarlo, y sin embargo el individuo nunca aparece donde se supone que debería estar. Entonces oye unas risas a través del auricular. Han confundido al propio Leo con el supuesto criminal y se ha estado siguiendo a sí mismo. Más risas. Pero él es un profesional y no va a dejar escapar al objetivo ahora que lo ha localizado. Sin dejar de correr grita «¡Alto o disparo!». Fantasea con que ese día puede ser el principio de una carrera llena de éxitos, justo un momento antes de que la bala le atraviese la cabeza.

 

Publicado en la revista Solo Novela Negra.

 

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Avances vertiginosos

Tras escuchar a los investigadores reiterar que estaban aún muy lejos de conseguir dotar a una máquina de emociones, la inteligencia artificial soltó su primer gruñido de desaprobación.

Publicado en la revista literaria Monolito.

 

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Fe ciega

Viendo a un joven pedir limosna al salir del templo, sus seguidores le preguntaron al profeta por qué el muchacho no había nacido ciego. «Nació así para mostrar cómo el poder divino lo sana» –contestó. Entonces hizo lodo con la tierra, se lo puso al joven en los ojos y le dijo que fuera a lavarse. Al volver, había perdido la vista. «Cuando estoy en este mundo solo yo soy la luz» –proclamó el maestro mientras dejaba caer en el talego las monedas que había en el platillo de su nuevo discípulo.

 

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En garantía

Un oso hormiguero está sentado al lado del niño. Su madre, imperturbable, le ha servido un plato de insectos vivos que no tienen intención de quedarse quietos. Como si todo fuera normal, a él su padre le sirve un estofado de cordero, pero apenas llega a probarlo. Intenta mencionar el tema pero inmediatamente se le ordena callar. El desasosiego se apodera del chiquillo cuando se encuentra con la mirada enojada del animal, que tampoco come y ni siquiera parpadea. Finalmente, pide permiso para levantarse, corre a su habitación y empieza a rellenar el formulario de devolución. La situación es disparatada. Obviamente estos padres han salido defectuosos, no tienen ni idea de cocina.

 

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La vida del emprendedor

Se acercó a la oficina de patentes con aquel ventilador destartalado y cuando dijo que quería registrar un aparato para crear viento, los funcionarios lo inundaron de burocracia para quitárselo de encima. Entró en el banco a pedir un préstamo para desarrollar el artilugio y se lo denegaron sin ni siquiera estudiar su solvencia. Los locutores de la radio local a los que pidió que divulgaran su creación, le contestaron sarcásticamente que escribiera una novela fantástica. Acabó repartiendo octavillas por la ciudad con el anuncio de una modesta presentación pública del invento en la plaza del ayuntamiento. Hoy es el día y la plaza está desierta, desolada. Apaga el ventilador y marcha decepcionado de la vida del emprendedor mientras deja atrás un paisaje de muerte y destrucción.

 

Publicado en la revista literaria Monolito.

 

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Ley de vida

Tras considerar otras criaturas mitológicas, no pude resistir la tentación. Seducido por el color dorado de su cola me compré una sirena. Me llevó cierto tiempo aprender a mantenerla en un piso de forma adecuada. Cuando el acuario se quedó pequeño, la trasladé a la bañera, añadiendo rocas y algas para crear un ambiente confortable. La alimentación también fue un quebradero de cabeza, nunca sabía si le daba poco o era demasiado, pero al final le cogí la medida. Con todo, no me arrepiento de mi elección. Me gusta encontrarla al llegar, meneando la cola para recibirme de esa forma tan simpática. Es cariñosa y divertida, y no cambiaría por nada los domingos de cartas y té de jazmín. Cuando estoy fuera, dejo las llaves de casa a algún vecino para darle de comer. Me sabe mal, pero nunca les aviso de que se pongan tapones en los oídos, por eso de no quedar subyugados por su voz cautivadora. Si no, de qué iba a vivir la pobre.

 

 

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Sexto sentido

Duda de su capacidad de resolver tan incierta situación hasta el punto de que la ha acabado aceptando como algo sin remedio. La coyuntura se repite tres o cuatro veces al día. Nota una especie de punzadas en la nuca que le recuerdan su presencia. Se dirige al sótano y entre súplicas, lamentos y frases confusas les deja algo de comida, pero sin quitarles los grilletes. Ellos creen que están vivos, le falta convicción para tratar de sacarles de su error. En ocasiones ve muertos. Y piden ayuda a gritos.

 

Publicado en el suplemento «Halloween de cuento» del número 21 de la revista «El Narratorio», noviembre 2017.

 

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Plan recurrente

Finge seguir el tratamiento, pero hace tiempo que dejó la medicación. Ha desarrollado un talento inusitado para disimular, y aún así, cada día resulta más complicado. Tiene anotados sus nombres y utiliza frases ambiguas. Aparenta súbitos cambios de humor para justificar sus silencios. Cada día se evapora algún recuerdo, ya sea un detalle insignificante o algo que añade más vacío a su existencia. Lo que sabe con certeza es que no conoce a la gente que vive en esa casa. Ignoran que tiene la maleta preparada y mañana se marcha. Se lo ha apuntado en un papel, por si acaso.

 

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