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Aceptación

Su hermana mantenía que sonaba como las campanas en los días de entierro. El niño afirmaba que se parecía más al ruido que hacía la abuela cuando guardaba las cacerolas. Habían comenzado el juego de los sonidos casi por aburrimiento, y ahora un coro de risas infantiles llenaba la habitación desocupada. Les interrumpe la voz de la madre, sobresaltada:

—Hugo, ¿eres tú?

—Sí, estoy jugando con mi hermana.

La mujer sube corriendo las escaleras y entra en la habitación enjugándose las lágrimas como siempre que rememora el accidente.

—Hugo, cariño, lo siento mucho, tu hermana está muerta.

—Yo también, mamá.

 

Publicado en la La Sirena Varada (año 1, número 3), revista de ciencia ficción, horror y género noir.

 

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Publicado enRevistas literarias

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