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Ángeles caídos

Aprovechando una elevación cercana a la trinchera, el niño ha encontrado una posición desde la que puede observarles sin que se percaten de su presencia. Los imagina como ángeles, seres abstractos, casi inmateriales. Cuando regrese por la mañana, mientras apoya la culata en el hombro evocará esa fantasía en una pugna por retener algún vestigio de ingenuidad. Y en su cabeza, alas majestuosas se desplegarán en un último viaje, aunque el fuego de su fusil no le deje verlas.

 

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