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Bautismo de fuego

Aunque Leo es todavía un novato, no duda en presentarse voluntario para esta misión de paisano. Todo transcurre sin sobresaltos hasta que el operador de cámaras de vigilancia le avisa de que ha localizado al malhechor cerca de su posición. Se inicia una persecución que resulta ser frenética. Siguiendo las indicaciones de su compañero, a cada momento parece estar a punto de capturarlo, y sin embargo el individuo nunca aparece donde se supone que debería estar. Entonces oye unas risas a través del auricular. Han confundido al propio Leo con el supuesto criminal y se ha estado siguiendo a sí mismo. Más risas. Pero él es un profesional y no va a dejar escapar al objetivo ahora que lo ha localizado. Sin dejar de correr grita «¡Alto o disparo!». Fantasea con que ese día puede ser el principio de una carrera llena de éxitos, justo un momento antes de que la bala le atraviese la cabeza.

 

Publicado en la revista Solo Novela Negra.

 

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Publicado enRevistas literarias

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