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El problema de la vivienda

Conduciendo demasiado bebido, el joven buscaba un hotel para pasar la noche cuando el gps le jugó una mala pasada y acabó empotrado en la entrada de una comisaría. Al preguntar si tenían habitaciones libres, la policía lo encerró en una celda. Por la mañana, sin embargo, los agentes se sintieron comprensivos y le prepararon un desayuno buffet, para acabar ofreciéndole más tarde pensión completa. Al cabo de los meses se había convertido en huésped habitual, aceptando de buen grado la propuesta de pasar a una celda superior. En cierto momento, con la confianza que le otorgaba llevar un año en el calabozo, confesó que tenía novia y que buscaban un lugar donde vivir juntos. Con paciencia, los policías llevaron a cabo las obras necesarias para unir varias celdas a fin de que la pareja tuviera un hogar. Apenas llevaban tres o cuatro meses conviviendo, cuando la madre de la chica contrajo una enfermedad que requería cuidados y la acogieron. Esa navidad los tíos de Alicante vinieron de visita y se quedaron a dormir. El verano siguiente, mientras decidían no salir de vacaciones porque para qué con lo bien que se está en casa, llegó una resolución judicial decretando que no se les podía mantener por más tiempo en prisión. Con tristeza, la policía se vio obligada a proceder al desahucio y la familia se encontró en la calle. Hoy han pasado por delante de un banco con un letrero en la puerta invitándoles a entrar: «Consiga la vivienda de sus sueños». Les ha parecido muy interesante. Ya han avisado de que en breve tres personas, una de cierta edad, atracarán el banco. Y de que prefieren cama doble si es posible.

 

Publicado en la revista Letralia

dulce_hogar

Publicado enRevistas literarias

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