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Excelencia literaria

La filóloga comunica al autor que ha acabado de repasar el texto y que aún dispone de tiempo adicional. Un sistema innovador de corrección autónoma, prometía la publicidad del software. Tan singular que resultó ser una persona de carne y hueso. Al principio le había causado desconfianza por lo insólito de la propuesta, aunque con el paso del tiempo descubrió que era una bendición para un novelista mediocre como él. No se trataba solo de los errores gramaticales, cada párrafo que pasaba por las manos expertas de la correctora acababa con una prosa impecable. No hacía mucho, había recibido la noticia de que se lanzaba una nueva versión en la que se volvería a implantar un sistema automático. Por eso, aprovechando las últimas horas que le quedan, pide a la filóloga, a la que hasta este instante solo le ha mostrado fragmentos desordenados, que se lea todo lo que lleva escrito de novela y haga una última corrección. Un rato después, ella avisa de que ha acabado y se despide explicando que debe atender a otro usuario. El escritor se abalanza entusiasmado sobre el ordenador, seguro de que por fin dispondrá de un manuscrito con posibilidades. En un primer momento piensa que son los nervios e insiste, pero tras un rato de búsqueda infructuosa, se resigna. La correctora lo ha borrado todo.

 

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