Viendo a un joven pedir limosna al salir del templo, sus seguidores le preguntaron al profeta por qué el muchacho no había nacido ciego. «Nació así para mostrar cómo el poder divino lo sana» –contestó. Entonces hizo lodo con la tierra, se lo puso al joven en los ojos y le dijo que fuera a lavarse. Al volver, había perdido la vista. «Cuando estoy en este mundo solo yo soy la luz» –proclamó el maestro mientras dejaba caer en el talego las monedas que había en el platillo de su nuevo discípulo.

 

fe-ciega