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Perspectiva

Lina hace gala de una tristeza perpetua. Su mirada apagada y la boca siempre arqueada hacia abajo, como si fuera a romper a llorar en cualquier momento, revelan una existencia sin duda insatisfactoria de la que daría cualquier cosa por liberarse. La oportunidad se presenta cuando descubre aquella vieja cornucopia. «Lo singular es la leyenda —explica el vendedor—. Si a medianoche alguien se ubica ante el espejo con una vela encendida y lo desea con el fervor necesario, se abre un portal a través del cual la persona y su reflejo intercambian lugares en sus respectivos universos». Consciente de lo insólito de la historia pero arrastrada por la desesperación, Lina adquiere la pieza y ejecuta el ritual con la esperanza de poder escapar.

Por la mañana, todo es distinto. La mujer contempla el reflejo complacida con su propia imagen y tarareando una canción. Está dispuesta a afrontar el día con optimismo. Mientras tanto, desde el interior del espejo y con la mirada triste, Lina observa a su doble y fantasea con que aparezca con una vela a medianoche.

 

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