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Mes: mayo 2018

Petición

Unas rebotaban en infinitud de paredes, como en una especie de frontón, con la esperanza de llegar a su destino. Otras llegaban en un atractivo envoltorio que disimulaba su contenido, pero reclamando a gritos su libertad. Algunas estaban ocultas, suspirando por ser descubiertas. Las palabras contenidas en indirectas, eufemismos e insinuaciones entre líneas llenaban tanto espacio que el sentimiento original parecía encogerse y perderse en un abismo verbal, comprimido como un mensaje metido en una botella y lanzado al mar sin saber si realmente llegará a su destino. De modo que se decidió. Con un ligero temblor en la voz y su mejor sonrisa, dejó ir unas palabras desnudas, entre interrogaciones, consciente de la desesperante incertidumbre que se apoderaría de él hasta saber la respuesta.

 

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Mal de muchos

Todos sonríen y conversan animadamente menos él. Su amigo le aseguró que si le acompañaba le presentaría gente, pero hace un rato que se fue al baño y el tiempo se le está haciendo eterno. Se pone como meta atravesar el salón y llegar a la mesa de las bebidas. Durante el trayecto, intenta aparentar convicción, pero su periplo finaliza sin haber conseguido establecer contacto visual con nadie. Incapaz de contener su impaciencia, se dirige al baño a buscar a su acompañante. Llama varias veces a la puerta pero nadie contesta, por lo que decide entrar. Al abrir se encuentra una escena que le deja perplejo. Es un salón idéntico al que ha dejado atrás, pero sin el bullicio, todo el mundo está callado y apartado de los demás. Lo recorre con cautela reconociendo a varias personas de la fiesta, entre ellas a su amigo, que permanece en un rincón, solo y con aspecto vacilante. Repara en la chica morena que está junto a la ventana. Seguro de sí mismo, se acerca a ella con una enorme sonrisa.

 

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Retiro

Ha estudiado concienzudamente cómo preparar la tierra. Dedica un espacio para los tomates, otro para las berenjenas y otro para los pimientos. Fija los trozos de madera para luego atarlos y delimitar los bancales. Nunca dudó de que podría dar un segundo uso a esa cuerda olvidada en el desván. Recuerda a su mujer regañándole por acumular trastos inútiles, parece que fue hace cien años, y seguramente sea así. Ojalá pudiera enseñarle cómo se las ha ingeniado para aprovechar las estacas de aquella turba de ignorantes. A pesar de todo, seguro que le obligaría a deshacerse de los cuerpos desangrados. La verdura la regalará, para no tirarla.

 

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