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Mes: enero 2019

Rutina laboral

En mi oficina hay muy buen ambiente, cada semana nos reunimos para tomar algo y aprovechamos para intentar resolver nuestras diferencias con el jefe. Ayer, por ejemplo, le echamos somníferos en la cerveza, lo esposamos y lo tiramos al mar. Todo estaba minuciosamente planeado, atándole el peso exacto para que se hundiera con rapidez, optimizando, como él repite a menudo. Y no es que no lo hiciéramos con cuidado el día anterior cuando le atropellamos pasándole más de una vez por encima con el coche, porque si algo tenemos en este equipo es que siempre perseguimos la excelencia. Hoy ha vuelto a llegar el primero, un buen profesional no se ausenta del trabajo si no es por fuerza mayor. Un día más acechando a sus subordinados a través del cristal, buscando nuevas formas de atosigar. Nosotros hacemos como que no nos damos cuenta y fingimos trabajar mientras buscamos en internet venenos que no dejen rastro.

 

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Secretos

Tiene un aire misterioso que seduce al joven dependiente. Aparece cada semana y recorre el pasillo postergando cada paso, dedicando tiempo a todas las prendas, rozando cada tejido con la yema de los dedos. Aterciopeladas o rugosas, lisas o irregulares, no hay textura que no capte su atención, aunque nunca compra nada. A pesar de que el vendedor la observa hechizado, siempre reacciona a tiempo para preguntar si puede ayudarle, a lo que ella responde con una sonrisa y un sencillo «solo estoy mirando». Los encuentros han acabado por convertirse en rutina, una cita fugaz que solo ellos dos conocen. Una tarde, el muchacho se decide. Corre tras ella al verla salir de la tienda y le hace un gesto desde la entrada. La mujer aparta los ojos de él sin corresponder el saludo. Y entonces despliega el bastón.

 

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Ángulo de reflexión

Son gemelos que llevan años intentando parecerse. Por un capricho de la naturaleza, cada uno se ve en el otro como en un espejo. Si el primero tiene un lunar en el lado derecho de la cara, el segundo tiene el mismo lunar pero en el izquierdo. Uno es diestro y el otro zurdo. Nunca pudieron presentarse al examen del hermano ni intercambiar las novias para gastar una broma, todo el mundo aprendía pronto a reconocer algún gesto o rasgo físico para saber quién era el mellizo “derecho” y quién el “izquierdo”. Lo han intentado todo para acentuar sus semejanzas, cortes de pelo idénticos, vestir de forma similar o hablar con el mismo tono, y aún así siempre hay algo que permite adivinar sus identidades. Tras algún tiempo sin saber del otro, se han vuelto a encontrar para descubrir que han tenido la misma idea. El zurdo ha aprendido a manejar con soltura su mano derecha y el diestro la izquierda. Han eliminado sus lunares colocándose uno nuevo en el lado opuesto. Se miran en silencio, con un desconcierto que deviene en nostalgia, como si se vieran en una vieja fotografía sin reconocerse.

 

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Descalificado

Pese a cumplirse otra hora más, el debate en torno a quién padece la enfermedad más grave no desfallece. Cuando una cree llevar ventaja en la discusión con aquella insoportable jaqueca, el otro le da la réplica con un antiguo pinzamiento de un nervio que duele mucho más. No se atisba un ganador claro hasta que alguien saca a relucir una neumonía con la que supera por muy poco a un problema cardiovascular. Al salir, todos se santiguan junto al cadáver de Rufino, que ha fallecido súbitamente a causa de un trozo de chuleta atorado en las vías respiratorias y que a punto estuvo de resultar vencedor.

 

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