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Mes: junio 2018

Remedios naturales

Dicen en la televisión que los problemas para conciliar el sueño se pueden eliminar con tisanas, meditación y baños calientes. He tomado la infusión pero continúo sin poder dormir. Me encuentro ahora con los ojos cerrados y en estado de relajación mientras imagino una escena con la cabeza de mi vecino, el trompetista, sumergida en la bañera.

 

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Ley de correspondencia

El atleta va por delante de todos, su sueño ya no tiene más obstáculos a superar que las últimas vallas hasta la meta. Ignora que la concordancia universal teje una correspondencia entre la vida del ser humano y la de otras criaturas. Esa es la razón por la que ha tropezado al salir de la última curva. De ahí que observe desconcertado cómo primero los pies, y poco a poco el resto del cuerpo, se desvanecen como si fueran ecos de un espejismo. Todo ello sucede al mismo tiempo que una oveja cansada de contar entra en un sueño profundo.

Publicado en Cuentos para el andén, número 69.

 

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Imaginación desbordada

—Espejito, espejito, de todas las mujeres, ¿quién es la más hermosa del reino? —preguntó la reina mirando fijamente su reflejo.

—¿Quieres serlo tú? —contestó una voz.

La reina no se esperaba esta reacción. Daba por hecho que la respuesta sería que era ella, inequívocamente, la más bella de todas.

—Claro… —dijo con un titubeo—. ¿Qué debo hacer?

—Tendrás que aprender las materias de la aritmética, es decir, fumar, reptar y, sobre todo, feificar —aseguró la voz.

—¿Qué es feificar?

—¿No sabes qué es feificar? Sabrás por lo menos lo que significa embellecer.

—Quiere decir hacer algo más bello de lo que es —contestó convencida la reina.

—Pues si entonces no sabes lo que significa feificar, es que eres muy tonta. Tendrás que hacerlo con todas las mujeres del reino —concluyó la voz.

La reina, no demasiado hábil con los juegos lingüísticos, prefirió no preguntar nada más y salió de la estancia pensativa, dando por terminada la conversación. En el preciso instante en que se cerró la puerta, el espejo se disolvió por unos segundos en una bruma plateada y Alicia pasó a través de él. Era una suerte que la Falsa Tortuga le chivara lo que tenía que decir, pero maldijo el día en que se le había ocurrido hacer caso a esa loca que pensaba que los espejos hablaban.

 

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Desconocidos

La enfermera le dice que ya puede irse a casa. Después de vestirse y devolver la pulsera de identificación, lo recoge una muchacha que no conoce. Durante el trayecto, le explica que es la nueva niñera, que su hija y su yerno no han podido venir porque están ocupados. La casa es enorme. Escoge un rincón confortable en el que se pasa la tarde leyendo hasta que una voz infantil anuncia a gritos que la cena está lista. En la mesa, su presencia pasa desapercibida, todos están concentrados en otros asuntos. Los adultos están enzarzados en una discusión en la que se comenta que «no puede seguir aquí y tampoco le vamos a pagar una residencia». A la mañana siguiente, el anciano toma una decisión. Simula estar enfermo con la intención de que la joven empleada le lleve a urgencias. Lo hace a la hora justa para que ella no pueda quedarse. De alguna manera consigue que decidan ingresarle. Mientras espera a que le asignen habitación, se fija en un tipo de edad avanzada y aspecto desaliñado. Nadie se percata del intercambio de pulseras. Ha recuperado la que le pusieron cuando entró la primera vez. La que lleva escrito «desconocido».

 

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Identidad conflictiva

«Lo que usted diga, doctor Frankenstein» —responde el monstruo poniéndose manos a la obra. Aun cuando la piel amarillenta sea tan mórbida que deje ver las costuras del rompecabezas humano engarzado por su criatura, el doctor se entusiasma. «Se acabó la farsa» —piensa ante el espejo admirando la reconstrucción de la que ha sido objeto y sintiéndose completa por primera vez en mucho tiempo.

 

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Naturaleza inocente

Una niña sentada en el puente con los pies colgando me observa con ojos inquietos. Le llama la atención el manto de piedras pulidas, los destellos que desprenden cuando reflejan la luz del sol. Levanta un brazo y hace un gesto como si imaginara tocarlas, notar su tacto suave. A su vez, yo la contemplo admirada por su curiosidad sin límites, me intriga su capacidad para asombrarse con las cosas más elementales. De repente, se acerca a mí y, llena de júbilo, la llevo en volandas como un tobogán, en constantes subidas y bajadas, inmersas en una avalancha de gritos y adrenalina, hasta que al fin, la acerco a las piedras. Primero las roza con la punta de los dedos. Luego, un impacto violento quiebra su cráneo para acabar flotando inerte a la deriva, envuelta en una bruma roja. Cómo iba yo a saber, siendo agua en descenso perpetuo, que caer pudiera ser un gesto involuntario. O cómo una niña iba a sospechar que una corriente en la que tanta vida fluye, ocultara tan bien la muerte.

 

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Común

Nos hemos planteado decirles que se buscaran otro sitio. No porque esto sea un club privado precisamente, sino porque estamos tan hacinados que pronto acabaremos unos sobre otros. Ya sabemos que no lo decidimos nosotros, pero nos gusta dejar correr la imaginación y pensar que nuestra opinión aún cuenta. En un rato comenzarán a caer cadáveres y los afortunados harán el signo de la victoria para celebrar que no han quedado sepultados por los nuevos. Poco más tenemos para consolarnos que buscar la suerte de aparecer los primeros si de aquí a unos años no nos han olvidado del todo.

 

Relato finalista del concurso del programa Wonderland de R4 en la semana del 23/06/2018

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Virtudes y defectos

Objetar, aunque sea cordialmente, ante cualquier omisión en una charla insustancial. Enmendar al interlocutor que comete un error gramatical por trivial que sea. Impugnar la imperfección como confirmación misma de su propio ser. Mirarse cada noche en el espejo y odiarse porque su ego no tolera que encuentre defectos en el rostro que refleja.

 

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Muerte de un bohemio

Estaba decidido a crear su obra cumbre pero no tenía dinero para pagar modelos, así que tuvo que resignarse a pintar un autorretrato. Enseguida descubrió la dificultad de plasmar los matices necesarios para evocar todas las sensaciones que requería una pieza como aquella. Pasó largas noches consumiendo alcohol y opiáceos en abundancia, con la esperanza de que le llegase la inspiración, como a tantos grandes artistas. Todo fue inútil. Supo lo que tenía que hacer cuando entendió que la hemorragia de la oreja cortada no sería suficiente para lograr el efecto que buscaba.

 

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