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Mes: octubre 2017

Despoblación

Según la hemeroteca, fue un granjero el primero que los vio. Habiéndose levantado temprano para ordeñar, descubrió aquellos malditos objetos voladores que luego serían avistados en más de una ocasión. Lo que no contaron los diarios es que fue la arenga del alcalde y la llamada del párroco a defender la villa lo que persuadió a los hombres, entre cigarros y copas, para que sacaran las escopetas. El sonido de los disparos arrancó una ovación en la plaza del pueblo, pero el júbilo cesó de inmediato cuando regresaron los perseguidores. «Estaba oscuro, no sabíamos lo que llevaban». A día de hoy, en ese pueblo casi desierto todo el mundo lo sabe, pero nadie se atreve a mencionar el asunto. Solo de vez en cuando algún vecino borracho habla más de la cuenta, preguntándose dónde enterraron a las cigüeñas.

 

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Levedad de las locuciones

«Mi esposa hace unas tartas de miedo», –presume ante sus amigos mientras la vigila con aire amenazador. Ella contorsiona su rostro en una mueca que solo descifran quienes sobrellevan el martirio de las cadenas. Todos experimentarán un fugaz instante de asombro al descubrir que en realidad hornea unas tartas de muerte.

 

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Mudanza

Tiene ganas de mudarse con su familia a un lugar más tranquilo. En invierno, esas ventanas que nunca aíslan lo suficiente, abren de par en par las minúsculas habitaciones dejando entrar un viento glacial. Hace tanto frío que se puede conservar un muñeco de nieve en el comedor, aunque moriría asfixiado en verano. Las tuberías húmedas que atraviesan las paredes enfrían el cuerpo e inundan la casa con su olor a rancio. No es lugar para un niño de cinco años, en ningún otro sitio sufriría tantas incomodidades. Esta es la media verdad que explica al vecino mientras recoge del buzón un mazo de papeles con facturas y notificaciones del juzgado. Al salir, observa la calle como quien se asoma a su nuevo hogar.

 

Finalista del mes de septiembre 2017 en el II Concurso de Microrrelatos «La radio en colectivo/Valencia Escribe».

 

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Autoestima

Su optimismo aumenta al comprobar que el precio de salida no es muy elevado. Obviamente las expectativas del propietario son modestas y eso le beneficia. No obstante, en poco tiempo las ofertas comienzan a subir de forma escandalosa, hasta alcanzar una cantidad a todas luces excesiva. La subasta está a punto de finalizar sin que haya hecho ninguna puja y todavía duda si vale la pena ofrecer tanto. Lo piensa durante un breve instante y toma una decisión. Tras el golpe de martillo que anuncia la venta, se queda esperando a que unos empleados se acerquen a él con material de embalar. Escrupulosamente, lo desconectan y lo meten en una caja que será entregada al ganador del primer computador consciente de la historia.

 

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Viuda negra

Tras descubrir que su amada no acudirá a la cita, cae inerte el cuerpo de Romeo con veinte heridas de acero. «Hay más peligro en tus ojos que en medirse a veinte espadas» –proclamó sin sospechar que ella enviaría a sus sirvientes para mantenerlo a salvo de su mirada. Sin duelo ni entierro, la muchacha ordena hacer desaparecer el cuerpo. «Conservar algo que me ayude a recordarlo sería admitir que le puedo olvidar», –explica al joven deseoso de consolarla que admira sus ojos por última vez.

 

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Indecisión

Ella llega temprano. Luce un vestido estampado muy ceñido, con un aire atrevido pero a la par elegante. Se sienta junto a la cristalera sin dejar de mirar el reloj mientras espera impaciente a su acompañante. Medio escondido al otro lado de la calle, el hombre la contempla dudando entre marchar o atreverse a entrar. El peso de la culpa ante la posibilidad de herir a su esposa le supera. Desiste. En casa, su mujer todavía no ha llegado y la espera despierto. Cargado de amargura, toma por fin la decisión más irrevocable cuando divisa de nuevo aquel magnifico estampado.

 

Finalista de la semana el 7 de octubre de 2017 en el concurso de microrrelatos del programa Wonderland de Ràdio 4.

 

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Fetichismo racional

La parte en dos trozos, y cada uno de éstos en dos trozos más, emprendiendo una serie sucesiva, programada y sistemática de fragmentaciones. Dos a la dos, cuatro; dos a la tres, ocho, va calculando potencias para saber cuántas partes lleva hasta llegar a quinientos doce, momento en que repara que tras la siguiente repetición tendrá mil veinticuatro. El androide llora, incapaz de desterrar su rabia rompiendo la carta en mil pedazos como sugería la terapia. Su amor no recorre fases, es binario, la quiere o no. Conserva los veinticuatro trozos sobrantes para hacer un ritual de brujería blanca.

 

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Aceptación

Su hermana mantenía que sonaba como las campanas en los días de entierro. El niño afirmaba que se parecía más al ruido que hacía la abuela cuando guardaba las cacerolas. Habían comenzado el juego de los sonidos casi por aburrimiento, y ahora un coro de risas infantiles llenaba la habitación desocupada. Les interrumpe la voz de la madre, sobresaltada:

—Hugo, ¿eres tú?

—Sí, estoy jugando con mi hermana.

La mujer sube corriendo las escaleras y entra en la habitación enjugándose las lágrimas como siempre que rememora el accidente.

—Hugo, cariño, lo siento mucho, tu hermana está muerta.

—Yo también, mamá.

 

Publicado en la La Sirena Varada (año 1, número 3), revista de ciencia ficción, horror y género noir.

 

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