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Falsa disyuntiva

Por todas partes surgen figuras agónicas con paso torpe y mirada perdida. El niño está habituado a verlos sin que le sobresalte su aspecto, que en condiciones normales estremecería a cualquier adulto. Lo que le causa verdadera angustia es pensar que puede llegar a ser como ellos. Nada le produce más horror que la perspectiva de rendirse a los apetitos que les dominan, ese ansia por morder carne humana.
Permanece oculto con su familia en un sótano y mientras su padre sale a buscar desesperado una comida que nunca aparece, él descansa acurrucado entre las piernas de su madre. Ni se da cuenta de que les falta otro pedazo de muslo cuando una voz familiar le despierta diciendo que se acerque a cenar.

 

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