Un oso hormiguero está sentado al lado del niño. Su madre, imperturbable, le ha servido un plato de insectos vivos que no tienen intención de quedarse quietos. Como si todo fuera normal, a él su padre le sirve un estofado de cordero, pero apenas llega a probarlo. Intenta mencionar el tema pero inmediatamente se le ordena callar. El desasosiego se apodera del chiquillo cuando se encuentra con la mirada enojada del animal, que tampoco come y ni siquiera parpadea. Finalmente, pide permiso para levantarse, corre a su habitación y empieza a rellenar el formulario de devolución. La situación es disparatada. Obviamente estos padres han salido defectuosos, no tienen ni idea de cocina.

 

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