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La vida del emprendedor

Se acercó a la oficina de patentes con aquel ventilador destartalado y cuando dijo que quería registrar un aparato para crear viento, los funcionarios lo inundaron de burocracia para quitárselo de encima. Entró en el banco a pedir un préstamo para desarrollar el artilugio y se lo denegaron sin ni siquiera estudiar su solvencia. Los locutores de la radio local a los que pidió que divulgaran su creación, le contestaron sarcásticamente que escribiera una novela fantástica. Acabó repartiendo octavillas por la ciudad con el anuncio de una modesta presentación pública del invento en la plaza del ayuntamiento. Hoy es el día y la plaza está desierta, desolada. Apaga el ventilador y marcha decepcionado de la vida del emprendedor mientras deja atrás un paisaje de muerte y destrucción.

 

Publicado en la revista literaria Monolito.

 

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Publicado enRevistas literarias

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