Mundos paralelos, ruptura de expectativas, cambios de contexto, suspense, humor, terror…, todo cabe en un microrrelato si lo narras y lo estrujas bien.

Autor: Lluís Talavera (Página 9 de 12)

Incomprendido

Salta entre los árboles columpiándose por las lianas hasta posarse en una rama. En el momento que lanza su potente grito de inspiración tirolesa, se desencadena el caos bajo sus pies. Un grupo de animales se dirige en una estampida atropellada hacia los confines de la selva, escapando de ese alarido punzante que los mortifica. Saluda al chimpancé rezagado que levanta tímidamente la mano para despedirse. Nunca consiguió aprender el lenguaje de la manada de simios que le adoptó. Como tampoco entendía a aquella mujer tan insistente que solo repetía «Yo, Jane» y que hace tiempo que le ha abandonado.

 

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Nuevas experiencias

El barco ha encallado en una fila interminable de rocas. Como sospechaba la tripulación, Casper no tiene ni la menor idea de cómo manejar el navío del capitán holandés. Con las notas de «Unchained melody» de fondo, el fantasma de Canterville no ve cómo salir airoso de la situación, nadie le ha explicado cómo funciona un torno de alfarero y mientras abraza a la chica, le angustia el miedo a no dar la talla. Exhausto de tanto mover muebles y dar portazos misteriosos sin ser visto, el espectro de Abraham Lincoln se rompe la cabeza para descubrir cómo hacer de poltergeist en la pantalla del televisor. Paradójicamente, su sustituto en la Casa Blanca se aburre con desesperación. Por algún motivo, resulta normal ver a un jinete sin cabeza en el sillón presidencial. Nadie recuerda quien tuvo la idea de los intercambios para dar un nuevo impulso a su vida fantasmal, pero lo que está claro es que probar cosas nuevas no ha resultado tan excitante como esperaban. Es lo que pasa cuando contratas con agencias de bajo coste, piensa con resignación Freddy Krueger. Le ha tocado hacer de fantasma de Elvis cuando todo el mundo sabe que es una leyenda urbana. Lo peor es que encima en Graceland le han cobrado entrada.

 

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Payaso callejero

Aparece casi a diario a media mañana, le sirvo su taza de café y lo dejo ensimismado, con los ojos vacíos y la mirada perdida. Siempre acude maquillado, con su traje de rombos y su sombrero. Cuando despertó, el circo ya no estaba allí. O eso dicen, aunque se desconoce en qué momento llegó, dónde vive, ni quién es en realidad. Desde la cafetería, justo enfrente, puedo ver la parada de autobuses donde se esfuerza por conseguir unas monedas o algo de comer. No es un espectáculo al uso, mira fijamente a la gente sin disimulo, con una expresión carente de emociones, a la vez divertida e incómoda, seductora y repulsiva. No hay un solo día en que no caiga en la tentación de observarle, y sin embargo, si me devuelve la mirada finjo interesarme de nuevo en cualquier otra cosa. Nadie sabe si está vivo o muerto. A veces nos hace reír.

 

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Contradicción

El problema es que hace tiempo que solo hay una convivencia disfrazada de matrimonio, una relación apacible pero baldía arrastrada durante años. Duermen siempre de espaldas al otro, manteniendo un perpetuo desapego. Durante las comidas permanecen remotos, ignorándose con atroz indiferencia. Mañana, al percatarse de que en una especie de transmutación siamesa sus espaldas se han fusionado, experimentarán el anhelo nostálgico de no poder decirse las cosas mirándose a los ojos.

 

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Bumerán

Con objeto de conocer a los padres de su mujer, fue instruido en unas pautas de conducta muy minuciosas sobre vestimenta, protocolo y temas de conversación. La disciplina mental que tuvo que mantener aquel día fue tan exagerada, que a la mañana siguiente todavía seguía en constante vigilancia. Se dijo a sí mismo ante el espejo que incluso ir a trabajar al taller exigía seguir un código de vestimenta y se puso corbata. Durante la cena mantuvo una conversación en torno a banalidades para evitar aludir a cualquier tema comprometido. Desde aquel momento la contención y la formalidad fueron impregnando paulatinamente su relación y, con el paso del tiempo, la falta de complicidad fue añadiendo monotonía a la convivencia. Si bien de vez en cuando pasaba algunos ratos divertidos con su esposa, comenzó a pensar que no le caía ni bien ni mal. Era un mero conocerse sin profundizar en la relación, y no tardó mucho en llegar a la conclusión de que lo más correcto era tratar a su mujer de usted. Una mañana, después de dar vueltas en la cama toda la noche, fue finalmente consciente de lo embarazoso que le resultaba vivir con una semidesconocida y decidió hacer las maletas.
La ceremonia en el juzgado duró poco y solo acudieron los familiares más cercanos. El instante más conmovedor fue cuando se devolvieron los anillos. Durante la comida, el padre de la exmujer hizo un brindis con palabras de elogio para el exmarido. No entendía que su hija no quisiera estar casada con alguien tan bien educado.

 

Seleccionado como finalista del .

 

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Bautismo de fuego

Aunque Leo es todavía un novato, no duda en presentarse voluntario para esta misión de paisano. Todo transcurre sin sobresaltos hasta que el operador de cámaras de vigilancia le avisa de que ha localizado al malhechor cerca de su posición. Se inicia una persecución que resulta ser frenética. Siguiendo las indicaciones de su compañero, a cada momento parece estar a punto de capturarlo, y sin embargo el individuo nunca aparece donde se supone que debería estar. Entonces oye unas risas a través del auricular. Han confundido al propio Leo con el supuesto criminal y se ha estado siguiendo a sí mismo. Más risas. Pero él es un profesional y no va a dejar escapar al objetivo ahora que lo ha localizado. Sin dejar de correr grita «¡Alto o disparo!». Fantasea con que ese día puede ser el principio de una carrera llena de éxitos, justo un momento antes de que la bala le atraviese la cabeza.

 

Publicado en la revista Solo Novela Negra.

 

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Fe ciega

Viendo a un joven pedir limosna al salir del templo, sus seguidores le preguntaron al profeta por qué el muchacho no había nacido ciego. «Nació así para mostrar cómo el poder divino lo sana» –contestó. Entonces hizo lodo con la tierra, se lo puso al joven en los ojos y le dijo que fuera a lavarse. Al volver, había perdido la vista. «Cuando estoy en este mundo solo yo soy la luz» –proclamó el maestro mientras dejaba caer en el talego las monedas que había en el platillo de su nuevo discípulo.

 

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En garantía

Un oso hormiguero está sentado al lado del niño. Su madre, imperturbable, le ha servido un plato de insectos vivos que no tienen intención de quedarse quietos. Como si todo fuera normal, a él su padre le sirve un estofado de cordero, pero apenas llega a probarlo. Intenta mencionar el tema pero inmediatamente se le ordena callar. El desasosiego se apodera del chiquillo cuando se encuentra con la mirada enojada del animal, que tampoco come y ni siquiera parpadea. Finalmente, pide permiso para levantarse, corre a su habitación y empieza a rellenar el formulario de devolución. La situación es disparatada. Obviamente estos padres han salido defectuosos, no tienen ni idea de cocina.

 

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La vida del emprendedor

Se acercó a la oficina de patentes con aquel ventilador destartalado y cuando dijo que quería registrar un aparato para crear viento, los funcionarios lo inundaron de burocracia para quitárselo de encima. Entró en el banco a pedir un préstamo para desarrollar el artilugio y se lo denegaron sin ni siquiera estudiar su solvencia. Los locutores de la radio local a los que pidió que divulgaran su creación, le contestaron sarcásticamente que escribiera una novela fantástica. Acabó repartiendo octavillas por la ciudad con el anuncio de una modesta presentación pública del invento en la plaza del ayuntamiento. Hoy es el día y la plaza está desierta, desolada. Apaga el ventilador y marcha decepcionado de la vida del emprendedor mientras deja atrás un paisaje de muerte y destrucción.

 

Publicado en la revista literaria Monolito.

 

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